Quiénes van al psicoanalista

Al psicoanalista vienen muchas personas que orientaron su vida de un modo mientras eran adolescentes o muy jóvenes, y que cuando están ya cerca de los treinta años o de los cuarenta, se dan cuenta de que, aunque aparentemente han hecho lo que debían, el camino que siguen no es del todo suyo, que no se sienten contentos ni cómodos con la vida que llevan, que la alegría parece haber escapado por la ventana, pero no se encuentran con fuerzas para salir de ahí ellos solos y cambiar el rumbo. También personas que creyeron que el futuro les entregaría una vida estupenda según sus merecimientos… y encuentran al contrario que la vida no da nada si uno no hace lo necesario. A todos ellos, el psicoanálisis los sostiene en su búsqueda o en su decisión de poner los pies en su verdadero camino que es un camino del que nadie puede saber nada porque no se ha recorrido aún.

Vienen también personas que tienen una vida lo bastante satisfactoria, pero a quienes de pronto les surge un síntoma que les produce mucha inquietud, o bien que les impide realizar sus tareas cotidianas con facilidad. Se encuentran en este grupo quienes de pronto empiezan a tener lo que se llama fobias, que no es sino un miedo irrefrenable a subir en ascensor, o en avión, o a los perros, o a las cucarachas… a cualquier cosa se le puede tener ese tipo de miedo, incluso a cosas que para otros son bonitas. Pero también podemos poner aquí los tics, los síntomas físicos como jaquecas repentinas a las que el médico de cabecera o los especialistas no encuentran motivo, problemas de la piel; o bien el fracaso continuado en el emprendimiento de proyectos. También podemos situar aquí a personas que acaban siempre sintiéndose excluidos, o peleándose con sus amigos, sus compañeros de trabajo, la familia… aunque ellos sienten que se comportan correctamente con los demás. El psicoanálisis les ayuda en unos casos a sostenerse sin necesidad de hacer síntomas y en otros a ver más claramente la realidad sin filtros deformantes.

Vienen por supuesto niños y niñas traídos por sus padres. Menores casi siempre muy despiertos, pero que han empezado a desarrollar o bien algún síntoma (el fracaso escolar, hacerse pipí en la cama, no poder comer de nada, no querer salir de casa por miedo a algún animal… etc.), o bien algún comportamiento como la agresividad contra los mayores o contra los hermanos pequeños, que ha conseguido alterar ya sea la vida del menor, o la de la familia. El psicoanálisis ayuda a los padres a ayudar a su hijo o hija a clausurar etapas infantiles, y otras veces ayuda a los hijos e hijas a encontrar su propio lugar sin necesidad de tantos problemas.

Por supuesto vienen también adolescentes que mantienen una relación de excesivo encono con sus mayores y no por eso terminan de encontrarse bien en su piel, o los que se quedan pegados al ordenador o al móvil hasta el punto de perder su vida social, o no animarse a establecer relaciones afectivas. En general los que no pueden tirar para adelante en realizaciones de “adulto”. Hay también jóvenes que encuentran problemas a la hora de atravesar fronteras vitales y permanecen inhibidos, por ejemplo ante la salida del colegio (y por eso se eternizan en terminar sus estudios), o ante la terminación de los estudios previos a la vida laboral (y por eso les queda esa tonta asignatura que no les deja tener el título), o ante el tener que terminar una relación afectiva que no va bien (y por eso aguantan carros y carretas que les hacen sentir mal), problemas estos últimos que tienen que ver con el vacío que se abre ante todo el mundo frente una nueva etapa. No todo el mundo gestiona igual de bien los vacíos, pero el psicoanálisis les sirve para encontrar una mano que les sostiene en el salto a lo nuevo.

Vienen personas a quienes de pronto parece que la vida les hizo un movimiento extraño y ellos no entienden lo que pasa ni lo que están viviendo. El psicoanálisis les ayuda a evitar que caigan en crisis innecesarias, ayudándoles a reunir las herramientas necesarias para que, llegado el momento, puedan luchar con las solas armas del pensamiento y la palabra.

Y por supuesto vienen personas mayores, a veces muy mayores, que han perdido las ganas de seguirse sosteniendo saludables y con proyectos, que empiezan a abandonarse y, por lo tanto, a deprimirse, lo que se suele convertir en un infierno para ellas… y para sus familias. El psicoanálisis les ayuda a recordar cómo era cuando se sostenían sobre sus propios pies y les ayuda a recuperar el amor por sí mismas y la confianza en lo que aún puedan recorrer.

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