Hiperactividad – Déficit de atención

Ya desde la guardería, incluso en el parque adonde acuden los padres y madres con los niños, escuchamos con frecuencia decir “este niño es hiperactivo”, a veces de niños pequeñísimos. Y lo dicen sin sonrojarse ni nada. Si se nos ocurre mirar hacia el niño, veremos a un chavalín, o a una nena despiertos, inquietos, curiosos, incluso algunos francamente traviesos, incluso un poco insufribles. Pero nunca, en esos casos en que lo hemos escuchado en el terreno social, y casi nunca en el profesional, hemos visto que dicho niño o niña fueran hiperactivos.

Y es que a la gente le parece que hablar normal y ser prudentes es un desdoro, que les hace parecer incultos, y por eso ya no se puede decir: “qué niño más travieso”, que parece anticuado hablar así, sino que se usa la palabra como si fueran acciones, insultando, diagnosticando, amenazando, y usando términos que son diagnósticos. Pero esos mismos padres y madres, o profesionales de la educación, seguramente no dirían con esa facilidad y en un parque delante de todo el mundo: este niño es un tuberculoso, o canceroso. ¿Por qué entonces se permiten diagnosticar sobre características psíquicas o del carácter? ¿Y por qué los psicólogos y psiquiatras españoles han vuelto sus ojos hacia la psiquiatría americana, en lugar de hacerlo, como antes, a la europea, que considera cualquiera de estas manifestaciones como un síntoma de algo que merece la pena ser explorado, y no como un trastorno a diagnosticar y medicar?

Qué problema, además, diagnosticar con tanta soltura, cuando desde los laboratorios farmacéuticos lo que se pretende es vender su sustancia Ritalina, comercializada con diversos nombres en distintos países (en España el extendido Concerta). Y qué daño se hace a los niños a los que se empieza a medicar bien pequeños. Eso sí, qué tranquilos quedan sus profes sin tanto revoltoso en su clase, y qué relajados sus padres que pueden dormir tranquilos. Y no digamos algunas madres con toques de lo que se suele diagnosticar como Munchausen, de esas que se muestran encantadas de victimizarse ante otras mamás por tener un hijo o hija enfermos.

A los psicoanalistas, a los psicólogos y psiquiatras, nos llegan muchas veces menores que han sido diagnosticados previamente por sus profes de guardería, del colegio, por sus familiares o vecinos. Y lo que nos encontramos en un noventa por ciento de las ocasiones son niños faltos de educación, a los que sus padres tienen miedo de limitar y, si lo hacen, sólo es con amenazas, y no con razonamientos. España es un país en el que no es fácil hablar sin proferir amenazas, pegar gritos o sentar cátedra. El amor por los razonamientos, por el sonido y el “tempo” de las palabras que los mayores emplean, cuando hay costumbre de ello en una familia, produce niños y niñas con capacidad de razonar y por lo tanto, con facilidad para dejar que pase un tiempo entre el momento de la ocurrencia y el de la acción. Ya es bastante difícil para un niño tener que aguantarse las ganas de hacer todo lo que se le pasa por la cabeza, pero si además no se le ha acostumbrado a pensar, a dudar, a resolver esas dudas con pensamiento, no habrá ningún motivo para que no lo actúe todo. Tengamos en cuenta, además, que tanto en la infancia como en la adolescencia, ellos están fraguándose como sujetos, discriminándose de sus mayores, y pasan por momentos de gran rebeldía, de oponerse a todo. Sí, es una pesadez, y para algunos padres una auténtica pesadilla, pero forma parte de los contratiempos de ser padres o de ser profesores.¿Es que los mayores no estamos dispuestos a pagar el precio por nuestras elecciones? ¿Y cómo queremos entonces que los niños paguen siendo disciplinados?

Evidentemente, no es sólo la falta de educación la causa de que algunos niños sean en exceso inquietos. Otras veces los niños, con su exceso de actividad (obsérvese que me niego a usar el habitual término diagnóstico), lo que intentan inconscientemente es sacar de su depresión a una madre o un padre hundidos en la tristeza. Otras, encontramos en la historia familiar a personas fallecidas por las que no se ha podido hacer el duelo, y un niño al que se le ha encomendado la tarea (inconscientemente, por supuesto), de representar a ese fallecido y volverlo a la vida. Ese niño, o esa niña, a los que se les ha echado una auténtica losa encima al encomendarles representar a un muerto, si tienen ni bien sea un adarme de salud mental, harán todo lo posible para demostrar que ellos no son un muerto, que están bien vivos, y lo demostrarán agitándose (es famoso el caso de Salvador Dalí, al que sus padres pusieron el nombre de un hermano muerto, y que con su modo de hacer estrafalario, él decía que se esforzaba en no ser el Salvador muerto).

Y en estos casos, y otros que hemos encontrado en nuestra carrera profesional, en los que se aprende mucho sólo de escuchar a los niños y sus padres, ¿de verdad se trata de medicar a los niños, de silenciarlos, o bien de hacerlos hablar a ellos y a sus familias de las circunstancias en las que todos están metidos sin darse bien cuenta del porqué, y permitirles con el solo uso de la palabra salir de ese estado?

Finalmente, hay algunos casos de niños que debutan muy temprano con sintomatología psicótica que a veces se manifiesta con lo que puede parecer a simple vista hiperactividad, pero que en realidad es una imposibilidad para incorporar cualquier tipo de restricción impuesta por la educación, no por rebeldía, sino porque no pueden incorporar en su mente esas restricciones. Muchos de esos niños son mal diagnosticados de Hiperactividad, por no querer los profesionales arriesgar una hipótesis de Psicosis, y son medicados con Concerta, en lugar de tratarlos ayudándolos mediante la palabra para evitar que la Psicosis vaya para adelante.

En cuanto al Déficit de atención -salvo en algunos casos de debilidad mental u otros problemas más graves en que la hiperactividad es simplemente un síntoma, no un trastorno-, lo hemos comprobado siempre en niños y niñas con un mundo interior muy rico, que han tenido que enfrentarse a duelos tempranos (por una muerte familiar, por una enfermedad grave, por manifestar una diferencia física con los niños de su edad), los han resuelto bien y eso les ha dejado un poso de profundidad interior que hace que muchas veces atiendan más a su interior (mucho más interesante para ellos) que a lo que sus profesores o padres les están diciendo. Ocurre también en niños y niñas muy “acosados” por sus mayores que les reclaman que respondan a sus expectativas. Padres y madres poco relajados que no conciben que sus hijos e hijas no cumplan a rajatabla sus propios ideales, lo que provoca a veces simplemente que sus hijos mientan, pero otras veces un repliegue al interior de éstos ya que, como nos dijo Freud hace más de cien años, la interioridad, el pensamiento consciente o inconsciente, no son sino lugares de resistencia, para mantenerse libres frente al entorno.

Esto es desesperante para los mayores, sí, en efecto, lo es. Nos solidarizamos con ellos. Pero ¿seguro que hay que diagnosticar como trastorno y medicar estos casos? ¿No sería mejor relajarse un poco de tanta expectativa sobre los hijos? Y en el caso de los profesores, ¿no sería mejor poder aceptar las diferencias y encontrar modos de hacerse con ellas, alimentándolas y sacándoles partido? ¡¡¡Señores y señoras, son gajes del oficio!!!

2 pensamientos en “Hiperactividad – Déficit de atención

  1. Soy madre y profesora, y estoy completamente de acuerdo con lo expuesto arriba. Muchos de nosotros (hablo por lo que observo y por mí misma), cuando no sabemos cómo manejar a nuestros hijos o a los alumnos, echamos mano del autoritarismo o, todo lo contrario, cedemos antes sus demandas para quitarnos el problema de forma inmediata o porque pensamos que así se da por terminado. Lo malo es que esto no resuelve nada, y, es verdad, volvemos a encontrarnos con malos comportamientos en clase, conflictos, desobediencias, caprichos. Echamos la culpa a los pequeños, a su irresponsabilidad, nerviosismo… La reflexión sobre ello que nos lleva a un “tenemos que actuar de otra forma”, me parece excelente. Gracias!!

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