La impudicia del capital (de ‘El tercer hombre’ a ‘Un dios salvaje’)

– Viena 1947, el novelista Holly Martins (Joseph Cotten) llega a la Viena dividida tras la guerra buscando a Harry Lime (Orson Welles), amigo de la infancia que le ha ofrecido trabajo. Al llegar se encuentra con que su amigo es perseguido ya que dirige el mercado negro de medicamentos que se adulteran para ganar más dinero, lo que ha producido la muerte a varios niños. Harry Lime pasa todo el film huyendo y escondido. No hay ninguna duda: Harry ha de esconderse porque lo que hace no sólo es ilegal, sino que su actividad repugna absolutamente a todos los personajes que con él se cruzan en la cinta. Tampoco creemos equivocarnos mucho si pensamos que repugna a todos los espectadores que desde hace más de sesenta años siguen viendo la película. Para eso el director de El tercer hombre, Carol Reed, ha hecho que los espectadores nos identifiquemos con el novelista que le persigue, incluso con la policía, es decir, con quienes le censuran.

– Nueva York, 2011, dos parejas se encuentran en la casa de una de ellas para solucionar el problema surgido entre sus hijos, uno de los cuales ha pegado al otro. Durante noventa minutos pasamos por situaciones hilarantes y también tremendas. Uno de los personajes, interpretado por Christoph Waltz, es un abogado cuyo móvil está sonando constantemente y que mantiene conversaciones con su bufete y clientes sin pudor ninguno. Una de las conversaciones la mantiene con un cliente, dirigente de un laboratorio que ha sacado un medicamento que se ha demostrado gravemente dañino para muchas personas. En cada conversación con dicho cliente su postura es clara: hay que enfocar las cosas en los medios de comunicación de modo tal que el laboratorio pueda seguir vendiendo el medicamento sin problemas. Lo más curioso del tema es que el abogado puede hablar prácticamente sin pudor delante de las otras tres personas presentes que tampoco parecen inmutarse en exceso.

¿Cuál es entonces la diferencia entre ambos filmes? Desde luego la obra maestra del cine británico no puede compararse al film de Polanski, por bueno que éste sea. Además, hay un tema común: siempre habrá desalmados a quienes no preocupe dañar la salud de los demás con tal de no perder ni un dólar de beneficio.

La diferencia está en que en El tercer hombre dicha actividad está “reprimida”; reprimida en todos los sentidos, por un lado el policial, es decir que se persigue por la ley y, por otro, censurado por las personas de bien que en algún punto del proceso de su educación, se prohibieron a sí mismas ese tipo de actividades y ha llegado un momento en que incluso les repugna a su moral personal, pudiendo llegar a sostener que no se trata de ganar más dinero a cualquier precio. Y porque esta actividad está “reprimida”, Harry es el malo de la historia.

Sin embargo en Un dios salvaje, vemos cómo la sociedad occidental ha sacado de las sombras de la represión comportamientos francamente delictivos en un  “todovalismo” posmoderno, de modo que cualquier delincuente puede hablar de sus fechorías en la casa de personas de bien, sin que a nadie le tiemble el pulso o sin que se le quede la cara de horror que se le quedó en El tercer hombre al personaje interpretado por Joseph Cotten cuando le contó la policía a qué actividades se dedicaba su viejo amigo Harry.

Por eso en Un dios salvaje, el abogado no es el malo. Curiosamente el malo viene a ser el niño que ha pegado al otro, cuando en realidad al final del film se ve en una escena a ambos niños reconciliarse. Ahí está claro que Polanski no se moja en absoluto desde el punto de vista moral, cosa que sí hizo Carol Reed, y no nos invita a identificarnos con ninguno de los personajes.

Quizá este último film nos muestra las grandes, las inmensas tragaderas que tiene occidente que incluso llega a borrar las fronteras entre lo que está bien y lo que está francamente mal.

7 pensamientos en “La impudicia del capital (de ‘El tercer hombre’ a ‘Un dios salvaje’)

  1. Me ha gustado mucho el texto de El tercer hombre, pero creo que son temáticas para mi diferentes con respecto A un Dios salvaje, para mi esta última es la pulsión de muerte mas alla de Dios, y quizás es posible desde ese lugar comprender la reconciliación y el perdón. Pero es interesante tu conexión. Otra película que muestra las miserias cotidianas, mas allá del placer de lo imaginario, es “el Nombre” basada en un excelente texto teatral

    • Gracias por tu comentario, Billy. Me parece muy interesante que unas al dios salvaje que está presente en ambos filmes y al que sirven tanto el personaje interpretado por Orson Welles como el interpretado por Cristoph Walker, con la pulsión de muerte freudiana. Estoy muy de acuerdo. En tiempos difíciles como estos, aunque en realidad en todos los tiempos, tenemos que pensar bien a quién servimos.
      Y, por cierto, de la excelente película “El nombre” hablaré dentro de poco en relación con la Navidad.

  2. Creo que en Un dios salvaje no tenemos que fijarnos solamente en el comportamiento del abogado, aunque interese en este artículo para buscar su analogía con el malvado Harry de El tercer hombre. En realidad, este personaje no es peor ni mejor que los otros tres, padres de familia, todos son igual de deplorables, y es lo que la película va poniendo en evidencia a lo largo de su desarrollo. Hasta la que parecía más comprometida, la madre del niño dañado, es en realidad una falsa, una violenta reprimida y una superficial, y así podríamos ir analizando a cada uno de ellos. Si no recuerdo mal, hasta el marido de aquella se plantea si hacer algo o no con el medicamento, que casualmente está tomado su propia madre. Es cierto que la película no condena la baja calidad de estas personas, solamente la muestra, contrastándola con la espontaneidad de unos niños que solucionan las cosas a puñetazos y se perdonan poco después. Es el triste mundo de los adultos, quizá, como se dice arriba, con menos valores que nunca. Y es el género de la comedia, aunque sea ácida en este caso, que no quiere ser didáctica ni enseñar.
    En la novela de Graham Greene, la moralidad del protagonista, Holly Martin, también queda cuestionada. En mi opinión, el tema del relato es el conflicto moral que le supone a este personaje, en muchos aspectos un antihéroe y ejemplo de dualidad, el tener que elegir entre la fidelidad a la amistad y la traición justificada por un buen fin. Le gusta la chica, está en un callejón sin salida, Harry ha cambiado, pero no parece que esté satisfecho con la resolución de matarlo. Deja un sabor agridulce, que, curiosamente, en la película queda representado en el rechazo de la atractiva novia en el último momento. No tiene un final feliz, aunque nos hayamos librado del malo.

  3. Agradezco mucho tu comentario a mi entrada. Sobre todo que abras el foco para considerar otros aspectos de ambos filmes de los que yo no me he ocupado. No me he ocupado porque lo que me interesaba en esta ocasión era mostrar que, ante el mismo tema, en los años cuarenta se reprimía y, por lo tanto, se podía decir que algo estaba mal, mientras que en el siglo XXI, tras el estrago producido por la posmodernidad, parece de “mal tono” todo lo que huela a represión. Quizá tendría que haber ubicado mi entrada en “Psicoanálisis para no iniciados”, para que no pareciera que estoy haciendo crítica de ambas películas, ni siquiera que las comento como he hecho aquí con otras. Tampoco era mi interés juzgar aquí a los personajes.
    No lamento que Polanski no haya condenado al abogado ni a los otros, porque respeto su excelente trabajo, y además porque cada uno hace la película que le da la gana, o el guión que quiere, pero sí quería señalar, a partir de su diferencia con Carol Reed, que la labor de los directores de cine suele incluir el dirigir nuestra mirada para que nos identifiquemos con tal o cual de sus personajes lo que, en efecto, hace ya muchos años que se cuidan mucho de hacer los directores en aras de una objetividad cuya pretensión va con los tiempos.
    Por supuesto que otro día podemos hablar de si la vacilación de Holly Martin tenía que ver con la duda entre la lealtad al amigo o la traición a éste por un buen fin, o si tras la persecución pudiera haber una historia edípica y eso es lo que le hace temblar el pulso, y tantos otros temas que pueden abrirse a partir de estos dos excelentes filmes, algunos de los cuales tú señalas muy bien y merecerían cada uno un blog aparte.

  4. También a mí me gustan mucho las dos películas, y me encanta la novela, por eso me ha resultado tan sugerente tu texto y he querido dar mi opinión y aportar ideas que abran el diálogo, como bien has apuntado. Es cierto que estas se salen del punto de vista psicoanalítico, y se refieren a otros aspectos algo más conocidos por mí. Agradezco poder leerte en el “Psicoanálisis para no iniciados”, y espero (seguro que como tantos otros lectores tuyos) que algún día hables de los otros temas en este cuaderno de Bitácora para poder seguir disfrutando y aprendiendo.

  5. Enhorabuena a las dos (Mari cruz y Mercedes) por el diálogo entablado, el cual me espolea a hacer algunas aportaciones. No he visto la película “Un dios salvaje” de Polansky, pero por cómo hablais de ella creo poder tener algún criterio de valoración si vamos a compararla con el “tercer hombre”. Es muy ilustrador lo que dice Mercedes sobre esta última eplícula, que acaba con un “sabor agridulce”. Y ciertamente este suele ser el “sabor” final de muchas historias en donde el protagonista resuelve hacer lo moralmente correcto. El final feliz suele serlo para aquellos beneficiados por una acción semejante, no para aquel que decide hacerla. “El tercer hombre” es una veradera historia de “buenos y malos”, si puedo expresarme en estos términos; ¿por qué? Porque su director asocia aquello con lo que deben de identificarse los espectadores con lo que hacen los personajes y no con lo maravillosos o fascinantes que estos puedan ser. De hecho, y esto no me importa reconocerlo, siempre me identifiqué más con el personaje interpretado por Orson Welles, al que se nota que el director deja vía libre para que despliegue ante nosotros sus talentos fascinadores.Siempre me acordaré de esta cínica afirmación suya (la del malvado Harry) a propósito de la estrecha relación entre la guerra y el arte: en la Italia del Renacimiento se vive una guerra civil encuvierta entre los Borgia, Médici y demás familias plutocráticas por la hegemonía, pero, a cambio, están Leonardo, Miguel Angel y Rafael, en Suiza, siglos de hermandad cívica han convertido a este país en exponente de la paz social, y ¿qué han conseguido al respecto?: acaso el reloj de Cuco. Quíen no le va a hacer la ola a un tipo así. Pero lo que para mí es el meollo de esta película es la elección que tiene que hacer Holly, elección cuyas opciones están representadas por aquél fascinanate villano amigo suyo y el circunspecto y fastidioso inspetor de policía que le persigue (interpretado por Trevor Howar, sin duda la antípoda de Harry). El delito es fascinante y seductor, la ley por contra es “dura” y no sabe de amistades. En El tercer hombre gana la ley, lo que no significa que aquellos que la hacen cumplir ganen también en lo personal, y así Holly es rechazado por la mujer que quiere, la cual no perdona la traición de este a su amigo (traición representada con todo lujo de detalles en la persecución de las alcantarrillas vienesas, dilatada en el tiempo de su representación para que quede claro la dimensión de la elección de Holly). El protagonista que elige hacer lo correcto paga un precio alto. Creo que esto es en el fondo lo que significa que se cumpla la ley (en el caso de películas como esta), es decir, que sea capaz de pagar el precio de su sostenimiento. En un “dios salvaje”, no se, ¿parece que todos ganan no? y al mismo tiempo parece como si no pasase nada realmente, pese a la violencia latente. Bueno no puedo hablar de esta película de un director que a mí me causa algunos dilemos morales (como Heidegger o Borges)
    Paco.

    • Gracias por tu comentario, Paco. Estoy muy de acuerdo cuando afirmas: “El protagonista que elige hacer lo correcto paga un precio alto. Creo que esto es en el fondo lo que significa que se cumpla la ley (en el caso de películas como ésta), es decir, que sea capaz de pagar el precio de su sostenimiento”.
      Si vas a la entrada en la que hablo de Hiperactividad, verás que pienso que hoy día ni muchos padres, ni muchos profesores, ni muchos gobernantes, ni muchos… etc. están dispuestos a pagar ese precio.

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