Cómo fastidiarte la vida si eres hombre-1

No pretendemos exagerar, pero la verdad es que hay infinitas maneras de fastidiarse la vida, y además el ser humano parece tener una tozudez especial para insistir en acciones que ya sabe que lo van a dañar. Freud llamaba a esta insistencia Tánatos, o pulsión de muerte.

Sin embargo, seguro que hay personas de lo más saludables que una vez que han recibido un daño de alguien, no vuelven a insistir por ese camino y, de ese modo, evitan que les vuelvan a pegar en el mismo carrillo. Debe de haberlas, vamos. Digo yo. En fin, sería deseable y esperanzador que los bebés, en lugar de venir con un pan debajo del brazo, vinieran con un escudo psíquico para poder luchar contra su propia pulsión de muerte.

De hecho, las personas que han pasado por un proceso de psicoanálisis y que han conseguido llevarlo hasta el final, saben bien de esta contumacia psíquica, de esta testarudez en volver a colocarse en posición de recibir un daño, y ¡a veces incluso recibirlo de la misma persona que lo recibieron antes! El psicoanálisis les permite no engañarse de nuevo y encontrar sus propias fuerzas para salir de esa posición nefasta.

Pero hay una manera de fastidiarse la vida que es común a las personas de sexo masculino. En esto también hay diferencias entre los sexos.

Si eres hombre la cosa está clara: encuentra un trabajo con un jefe amable, quiérelo, trabaja como un burro para merecer su aprecio, considéralo como un padre para ti… a partir de ese momento estás perdido. Sigue trabajando como un burro, hiere de muerte tu vida de pareja o familiar, ten palpitaciones a media mañana, a media tarde, disfruta de las horribles consecuencias de comer basura a diario, empieza a trabajar también con alguna cosilla que te llevas a casa los fines de semana, sigue recibiendo los parabienes de ese que es como un padre para ti, comprende que él tiene ahora otro trabajo y que la empresa la tienes que llevar tú adelante aunque cobréis los dos. Demuéstrale que puedes llevarla tú solo, déjale que él trabaje en la otra empresa, es decir, que cobre de dos sitios aunque sólo trabaje en uno, y conténtate con la palmadita que te dará en el hombro. A su vuelta verá que no hay trabajo para los dos, tendrás que comprender que te eche con una buena patada y se quede con los frutos de lo que tú has trabajado.

¿Y por qué un hombre tendría que esclavizarse ante otro al que pone en posición paterna? ¿Seguro que la deuda a pagar al padre es esa?

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7 pensamientos en “Cómo fastidiarte la vida si eres hombre-1

  1. Hola, excelente escrito.
    La búsqueda del padre para esclavizarse uno mismo, creo por un complejo de edipo mal resuelto entre otras posibilidades… puede llevar a una persona a una profunda neurosis, también a una psicosis?
    No llego a comprender del todo porque esa necesidad de sentir la obligación constante de pagar esa deuda en algunas personas. Hay que “matar” simbolicamente al padre para liberarse de ser esclavo de la obligación de esa deuda?
    Un saludo
    Toni Grossmann

    • Gracias por tu comentario y tus buenas preguntas, Toni. Sí, en efecto se trata de un Edipo mal resuelto. La psicosis me parece que va por otro lado y no por el de la deuda que es totalmente neurótica.
      ¿Que por qué esa dificultad en pagar la deuda? Lo que yo pienso es que se intenta pagar siempre la deuda imaginaria que es la que hace que un hombre se sacrifique mucho… pero el muy pillín tras esa mascarada masoca escapa de lo importante que tiene más que ver con el pago de la deuda simbólica.
      En cuanto a “matar al padre”, me acabas de dar una idea para otra entrada. Mil gracias y espero nuevo comentario.

      • Discrepo con respecto a la idea de que sea más importante el pago de la deuda simbólica que el de la deuda imaginaria. Es más, parece que el psicoanálisis tradicional sostiene que estas deudas son impagables y es por ello que no son deudas “reales” sino imaginaria y simbólica.
        También tengo entendido que, en la teoría, mientras que la deuda imaginaria tiene que ver con el padre, la deuda simbólica tiene que ver con la madre y sospecho que de allí viene el pretender superponer la deuda simbólica a la imaginaria, es decir, de una degradación de al lugar del padre. Típico de los españoletes, de venas católicas.

      • Dave, agradezco también este comentario. En realidad en el texto mío al que te refieres, no hablo de deuda simbólica o deuda imaginaria; me limito a plantear una pregunta al final. De hecho, no creo que la razón de que los varones tiendan a esclavizarse ante sus jefes tenga sólo que ver con eso, hay otras buenas razones que dejo para otra entrada. A propósito de tu suposición de la última línea, bueno, no creo que un psicoanalista llevara tan lejos una hipótesis como para decirla o escribirla sin haber pensado un poco más.

  2. Quizá en el artículo no está muy claro, pero sí lo está en uno de los primeros comentarios de su autoría “pero el muy pillín tras esa mascarada masoca escapa de lo importante que tiene más que ver con el pago de la deuda simbólica”.

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