La carroza de oro o las nuevas chicas de empresa – (Basado en “La carroza de oro”, de Jean Renoir, 1953)

En “La carroza de oro”, la Colombina al principio se vuelve loquita por el brillo del parné y los hombres que la rodean están dispuestos a masoquearse primero ellos mismos con su mecanismo, y a matarse entre sí después por el brillo de la hembra.

La Colombina duda después entre el brillo del parné y el más matizado de los músculos de sus tres pretendientes, pero no hace sino inquietarse cada vez más ella misma con su carisma.

Finalmente, La Colombina decide tomar el camino de su realización personal, abandonando el de la riqueza y el de representar el objeto de deseo para un hombre y ser madre de sus hijos. Consigue de paso salvar el pellejo al asociarse con Su Eminencia el Sr. Obispo que, a cambio de recibir la carroza de oro, consiente en defender a la Colombina y su reputación ante todo el mundo.

Es indudable que Renoir fue un revolucionario porque en esos años pensar que una mujer podía elegir su destino lo era, aunque (y no es por chauvinismo) Cervantes en el episodio de Marcela y el joven suicida en El Quijote, lo dejó aun más claro que Renoir y muchísimo antes.

Pero Renoir presenta la disyuntiva trabajo/amor en la vida de una mujer como “la bolsa o la vida”. Sin embargo hoy día, una mujer que se realiza como persona, puede también arreglárselas para ser abrazada por un hombre y caminar con él en la vida… todo un arte. Hay mujeres que lo quieren todo, todo y todo, es decir, un puesto alto en la administración o en la empresa, o ser una política a tiempo completo, trabajos todos ellos incompatibles con la crianza en los años claves de ésta.

No obstante, hace ya años que viene existiendo un nuevo modelo de mujer bien curioso y bien desagradable: la mujer de empresa. Son mujeres de treintaytantos o cuarentaypocos años (las que tienen más edad ya empinan el codo con los antidepresivos) que han hecho carreras en relación con la economía y la empresa. Tienen puestos jugosos en grandes empresas con personal a su cargo. Si dicho personal es masculino, procuran humillarlos y dejarles muy clarito quién manda. Si el personal a su cargo es femenino… ¡ay!, echaos a temblar jóvenes promesas.

Estas jóvenes jefas han decidido tenerlo todo, es decir, familia y cargo en la empresa. Para tener familia les basta con tener un marido que colabore en la economía familiar (por el dinero, ya que por lo que es el marido, últimamente ya no es necesario para las que eligen ser fertilizadas por donante anónimo) y suficiente servicio para que se ocupe de los niños. Sus permisos por maternidad no suelen durar más de un mes y medio porque tienen pánico de que las releguen en la empresa por poco productivas.

Su culpabilidad por el abandono en que tienen a sus hijos es tan alta que necesitan que las mujeres a su cargo en la empresa, sobre todo si tienen hijos, renuncien a cualquier vida que no sea la laboral, para que no les muestren como en espejo que hay otras posibilidades. De ese modo les pondrán reuniones absurdas a la hora de salir por las tardes y las obligarán a quedarse hasta la hora de cenar trabajando. Si se quedan embarazadas, procurarán recordarles que ellas sólo se tomaron un mes de baja por maternidad y que no esperan algo distinto de sus empleadas. Si estas últimas se toman sus cuatro meses de rigor, las culpabilizarán con frases como “claro, tus compañeros tienen ahora que cargar con tu trabajo”, o “por tu culpa, fulanita sale a las tantas”. Ni hablemos del horario de lactancia, ya que todo el mundo sabe que las jefas (o más bien sus criadas) alimentaron a sus hijos con biberón. Una de sus frases preferidas: “Yo, nada más tener a mi hijo me saqué un MBA y seguí rindiendo en el trabajo al nivel de siempre”. Claro que luego en la intimidad confiesan: “me costó mucho que mi hijo quisiera venir a mis brazos”.

Nos cuentan que en una gran empresa que presume de sensible a la hora de la conciliación, acaban de crear la “Sala de lactancia”, con silloncitos y una nevera para guardar la leche que las mujeres se sacan para no reventar en alguna reunión. Algunas mujeres intentan utilizarla, puesto que ya está operativa, pero no pueden “porque aún no ha llegado la circular comunicándolo”. Alucinas.

Estas mujeres, por muchos años que tengan son aún niñas; y lo son en lo siguiente: cuando ellas dijeron que querían estudiar teatro, psicología o historia, sus padres les dijeron que ni hablar, que mejor una carrera que sirviera para algo. Entonces ellas, en lugar de aprovechar este momento de conflicto para salir de la infancia confrontándose con la demanda de sus padres diciéndoles que no y siguiendo su propio camino, deciden creer que los padres siempre saben qué es lo mejor, como los niños, vamos (Mirar la entrada “El buen camino”).

Así, sin haber superado el miedo a que los padres las abandonen, los han sustituido por su jefa a la que no paran de intentar demostrarle que lo primero es el trabajo, o ser buenas para la jefa, y que siempre están ahí disponibles para la empresa y sus jefes… no para su propia vida.

Esto no se soluciona del todo con guarderías en los lugares de trabajo, o con bajas de un año, aunque ayudaría. De poco sirve poner más tiempo de baja maternal si las mujeres no se la toman por su infantilismo, aunque a las mujeres adultas les vendría de maravilla.

Y, por supuesto, si ellas han renunciado a ser adultas, no les va a venir una empleada sonriente a decirles que se puede hacer de otro modo, es decir, comprometiéndose con la palbra que emplearon para decir que querían un marido, una familia, hijos….

Menuda oportunidad desperdiciada para ensayar una manera singular de estar como mujer en el mundo y no como pseudo-hombres vergonzantes…

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