Aprender a vivir (como adultos)

“La relación con uno mismo es idéntica a la relación con los demás. Si nos ponemos siempre en su chepa, si les pedimos algo permanentemente, si los agobiamos… terminan por irse. Cualquiera se iría. Yo la primera.
Aprender a vivir significa aceptar la espera, el suspenso, la incertidumbre. Asimilar lentamente la idea de que el vacío que llevamos en nosotros no podrá ser nunca colmado. Que siempre nos faltará algo. Y que es esta ausencia lo que caracteriza nuestra relación con el tiempo, con el espacio, con el amor…
Y admitir que los demás no son ‘malos’ si no están siempre dispuestos a intervenir, a hacer un gesto para que el vacío nos haga menos daño.

Las relaciones humanas son complejas porque cada uno debe poder arreglárselas con sus heridas y su fragilidad. Puede entonces ocurrir que sintamos la necesidad de reposar sobre alguien, de esperar que otro resuelva nuestros problemas y se ocupe de nosotros. Pero el otro no es una simple ‘cosa’ que se puede coger y colocar donde duele. El otro es ‘otro’. Es una ‘alteridad irreductible’ que no se puede almacenar, plegar, utilizar a voluntad”.

Michella Marzano: Legère comme un papillon, Grasset 2012, pág 182. Traducción mía.

 

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