Porno para mamás: sobre “50 sombras de Grey”

Lo llaman porno para mamás y está arrasando. En realidad, sólo se trata de la nueva forma que adopta una historia romántica como las de Corín Tellado de los años cincuenta, o las de Danielle Steel y Bárbara Cartland de los ochenta y noventa. Las heroínas de Corín Tellado eran pobres trabajadoras de peinados cardados a lo bomba y sujetadores semejantes a armaduras de guerra, que eran humilladas por sus jefes y señoritos hasta que las rescataba un jefecillo intermedio o un personaje del sector servicios musculoso y buen chico.

Las protagonistas de las autoras americana e inglesa eran jóvenes de esas con familia compleja pero que, a la hora de la verdad, celebraban el Día de Acción de Gracias, o en el caso de la Cartland de las que cuando se casa un miembro de la familia real inglesa, compran los tazones de desayuno con las efigies reales. ¿Y qué es lo que cambia en la protagonista que se adentra en las sombras de Grey, Anastasia?

Anastasia es una joven que, como la mayoría de las universitarias americanas, trabaja algunas horas por día para mantenerse sin gravar a los padres. Tiene, creo, veintidós años y es aún virgen, vamos, que la chica está esperando al mirlo blanco. Bueno, no vamos a negar que en eso se parece a las protagonistas de Corín Tellado, propias de la España franquista, que si eran solteras parecía que sólo podían catar la gracia de Dios siendo forzadas. Eso era consecuencia de la represión que hacía de buen tono creer que las mujeres no tenían deseo sexual. Lo que cambia hoy día es que se ha levantado un poco la represión sobre la sexualidad de las mujeres y también sobre las fantasías de las que, hasta ahora, sólo se hablaba en la intimidad. Las chicas de Corín Tellado se suponía que no tenían deseo, las de Steel y Cartland parecían tenerlo pero según la norma, y finalmente ahora cada cual se lo monta según sus fantasías y sin cortapisas.

Lo que no se entiende bien de Anastasia es que siendo universitaria, mantenga soliloquios de la profundidad del que reproducimos aquí:

“Sigo mirándome en el espejo y me estremezco. Tengo que asimilar todo esto. Sinceramente, me he encaprichado de un hombre guapísimo, que está forrado y que tiene un cuarto rojo del dolor esperándome. Me estremezco. Estoy desconcertada y confundida. Tengo el pelo hecho un desastre, como siempre. El pelo revuelto no me queda nada bien. (…) Soy suya. La maravilla que está enseñándome (sic) es mucho más de lo que jamás habría podido imaginar. Y quiere ir más allá, mucho más allá, a un lugar que mi inocencia ni siquiera puede imaginar. Oh… ¿qué debo hacer?”

En fin, ese repetido “me estremezco” (¿dónde están los correctores de estilo de esa editorial?) dicho a sí misma, lo conocemos bien por nuestro trabajo, ya que hay personas que sienten que alguien va comentando sus acciones, como si tuvieran en la cabeza una especie de Pepito Grillo insufrible. Pero vamos que no es agradable para quienes les ocurre. Cualquiera se sentiría mal si tuviera que comentar sus propios actos en el pensamiento, por ejemplo: “me siento, me levanto, voy al baño”. Bueno, ya sabemos que algunas personas simples —en general en este caso mujeres, no sé por qué—, suelen avisarnos de sus intenciones constantemente aunque no se lo hayamos pedido, pero eso no es algo para reflejar en una novela. Ah, ¿que la novela pretende reflejar los pensamientos de una mujer simple? Bueno, si es así… ya nos vamos explicando lo demás.

Ese lugar mucho más allá al que se refiere Anastasia, en realidad podríamos decir que está mucho más acá, ya que el sadomasoquismo responde a la puesta en acto de fantasías infantiles. ¿Pero de qué sádico estamos hablando? De Grey, ese supermillonario, superbienvestido, superdelgado, superrubio y con ojos supergrises (un poco más de imaginación para el apellido, por favor, señora autora). Un hombre lleno de aristas, como diría el director de nuestra sucursal bancaria. No hablamos de Anastasia. Anastasia es sólo una chica simple, más ingenua que inocente (la inocencia se nos acaba desde el momento en que aprendemos a hablar, cariño) y, como diríamos los psicoanalistas, con una magnífica estructura histérica.

En la historia de la Literatura y en la del Cine, hay bellísimas muestras de personajes femeninos de estructura histérica. La joven del film “El Piano” de Jane Campion es una de ellas, y Adèle H. otra. Madame Bovary lo es también en versión literaria esta vez.

¿Y por qué gusta tanto a las mujeres en la treintena esta trilogía para chicas púberes tan mal escrita y tan pobre en experiencias vitales? ¿Por qué hemos escuchado a tantas periodistas en la radio decir que “les pone”? Pues porque las jóvenes mamás van pasando una tras otra por la decepción de lo que el matrimonio y la maternidad les habían prometido para su vida. Sus maridos son chicos majetes que distan bastante de lo que ellas sueñan para su vida sentimental y sexual. Eso no quiere decir que estén dispuestas a renunciar a ellos, porque no terminan de fiarse de que vayan a encontrar a un Christian Grey que, encima, se fije en ellas.

Soñar con un sádico refinado y vestido de Armani, es un modo de mantener su ideal de niñas: “algún día me casaré con papá, ese hombre grande, fuerte, de voz sonora y un poco harto de mi mamá que no termina de hacerle feliz porque no le comprende como yo”. Por eso el gusto de muuuuuuchas mujeres por hombres poderosos, algo brutos, algo sin ley y sin miramientos. De ahí que tantas mujeres escriban a asesinos confesos a la cárcel para que se casen con ellas… aunque no los conocen. De ahí parte el mito de King-Kong al que algún día nos dedicaremos más a fondo. No es más que un padre sin defectos ni debilidades. Un ideal de padre, vamos, es decir, el hombre imaginado que nunca decepciona.

Para terminar, citamos de nuevo la obra:

“(…) le gusta hacer daño a las mujeres. La idea me deprime.

—¿Eres un sádico?

—Soy un Amo.

Sus ojos grises se vuelven abrasadores, intensos.”

No hemos podido llegar más allá de la página 80 leyendo en diagonal, y eso entre grandes sufrimientos y como si cumpliéramos una promesa hecha a nuestro Psicoanalisiscotidiano. No tenemos, sin embargo, nada que oponer al hecho de que tantas mujeres lo utilicen como lenitivo en tiempos de depresión económica. A cada cual sus fantasías.

Sólo nos disgusta lo mal escrito que está, la pobreza de los diálogos y soliloquios, la construcción casi inexistente de los personajes que son francamente pobres y memos. Tampoco nos gusta la única mención que hemos encontrado a algo español:

“—Me gusta este arnés— me susurra.

Y siento como si me hubiera transportado al siglo XVI, a la época de la Inquisición española”.

Eh, a ver, un momento. Creo que los españoles deberíamos ponernos a escribir bodrios en los que cada vez que una joven encuentra a un amo, ella se dedique a recordar los años del esclavismo de africanos en USA, o los de la esclavitud sexual y laboral de los niños en Gran Bretaña, o los años y terrores de la mismísima Inquisición en Francia (que sí, que allí también la hubo, pero se lo callan y siempre nombran la española).

En algún momento de su obra, habla Jacques Lacan del gusto de las mujeres por los Amos y se pregunta para qué quiere un amo la histérica, a lo que él mismo responde:

—¡¡¡PARA REINAR SOBRE ÉL!!!

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4 pensamientos en “Porno para mamás: sobre “50 sombras de Grey”

  1. Creo que has retratado perfectamente este libro , mejor dicho trilogía donde avanzar en las páginas es un suplicio por lo mal escrita que está y por lo mal estructurada, pero gustos para todo. Corin Tellado al menos estaba bien escrita.
    Creo que esta novela para lo único que ha servido es para enganchar a la lectura aunque sea mala lectura a personas que no habían leído un libro.

    • Gracias por tu comentario, Yolanda. Estoy bastante de acuerdo contigo, salvo cuando dices que sólo ha servido para enganchar a la lectura… etc. No creas que sólo para eso. Algunas mujeres lo emplean para decir a sus maridos cómo les gustaría ser tratadas, aunque sin dolor… los están volviendo tarumbas. Y otras para enriquecer sus fantasías… en fin.

    • Gracias por tu comentario, Teresa. Lo que pasa es que hay libros malos con creación de personajes increíbles, o que nos ayudan a pensar o a superar malos momentos. Un ejemplo de esto es la trilogía de Millenium, que literariamente es malo con alevosía. Sin embargo, su personaje protagonista: Lisbeth Salander, su ética y modus operandi, han ayudado a varias personas que conozco a seguir adelante después de un momento muy duro de su vida.
      Por otro lado, de un libro malo, se puede pasar a leer uno bueno. Lo contrario es más difícil aunque también pasa a veces. Y por qué no.

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