El deseo

“El deseo suele aparecer bajo la forma de lo que uno no quiere” (Jacques Lacan: Subversión del sujeto, Escritos).

Esta es una frase que mosquea bastante y, lo que es raro, incluso a los psicoanalistas. Cada vez que se le dice a alguien, pone cara de extrañeza, o sea, que arruga la nariz, el ceño y hace un pequeño gesto con el cuello como quien se aleja para mirar mejor.

Y es que el ser humano se ha acostumbrado a poner en el mismo plano lo que quiere, lo que le da ganas, su voluntad, y lo que inconscientemente causa su deseo. Pero no son lo mismo. La cosa es de Perogrullo: sólo se puede desear lo que a uno le falta, por eso cuando se consigue algo, se abre de nuevo el deseo por otra cosa… ¡por suerte! Pero es que, además, el proceso por el que deseamos es inconsciente. Claro, es cierto que después la persona intentará dar un nombre a eso que le falta creyendo, no sólo que es eso lo que le falta, sino además que, al poseerlo, va a quedar ya para siempre satisfecho. ¡Y ahí le duele!

Pero Lacan lo dice muy clarito y es que el ser humano se pasa la vida transitando entre la insatisfacción y la angustia, o bien acepta que no existe ni en el macrocosmos ni en el microcosmos un objeto que le satisfaga por completo y para siempre, —y en ese caso, en lugar de quejarse de insatisfacción, se dedica a hacer proyectos, búsquedas que suponen hacer algo activo con esa insatisfacción, búsqueda que le produce alegría (no felicidad)—, o bien decide que nada merece la pena sino ese único objeto que falta, y entonces no sólo se pasa la vida quejándose y dando la lata a los demás, sino que también se angustiará pero, eso sí, seguirá creyendo a pies juntillas que existe el objeto que produce la felicidad, pero que a él o ella no les ha tocado en la vida, o bien que alguien lo posee pero no se lo quiere dar. Así, a la queja unirán como mucho la reivindicación de justicia, que para un momento puntual está bien, pero como algo que tiñe la vida es una gaita y con ello no harán nada más que entristecerse.

Así que no sólo lo que causa el deseo es algo que falta, sino que ir en pos del deseo, los proyectos, el esfuerzo por conseguir algo que ilusiona… pues eso, que aunque luego da alegría, así de momento es un esfuerzo y eso da a veces mucha pereza y hace creer que lo que uno desea es lo que le da ganas, por ejemplo comer helado a todas horas. Pero eso no es el deseo, sino la apetencia. Y la pereza que da preparar un trabajo o una conferencia, llamar a un psicoanalista para iniciar unas conversaciones o actualizar el Currículum Vitae, se identifica con lo que uno NO quiere, cuando en realidad eso no es más que parte de las dificultades que se encuentran en el camino hacia el deseo.

De ahí la frase de Lacan en el inicio.

7 pensamientos en “El deseo

  1. Muy buena la diferencia entre las “cosas del querer”: la voluntad; y el deseo que es algo que justo cuando creemos que lo hemos obtenido, levanta vuelo para hacernos recorrer la vida… aunque cueste

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