El montaje perverso-1

(…) De hecho, nada ha cambiado en la cuestión del montaje perverso, a saber, construir un lazo con el Otro y con la ley que permita manejarlos, dominarlos —desde luego no por completo, ya que hay riesgos, fugas, escapes; riesgos de que la alteridad les caiga en plena cara; pero justamente, el saber, la prudencia y la química apuntan a calcular bien esos riesgos, a delimitarlos, a domarlos, en resumen, a hacer de ellos el objeto de un nuevo montaje perverso, un montaje paralelo, oficial, instituido. Nada ha cambiado pues, sino que la lógica del montaje perverso se generaliza, se banaliza, estalla en micro-montajes omnipresentes que se insertan en un “vasto” proyecto del tipo “felicidad: modo de empleo” (…) El exacto equivalente de un cocktail de buenos productos que, para el hedonista estará compuesto  de buenos vinos, buenos libros, buenas comidas, buenos o buenas partenaires, todo lo necesario para complacer a su imagen, es decir, a sí mismo, ya que  él ya no es otra cosa que esa imagen, o mejor, esa ‘escultura de sí mismo’ en la que se aplica.Lo asombroso es que en esos nuevos sacerdotes del hedonismo se encuentra el mismo principio que rige todo montaje perverso: el individuo “es para sí mismo su propia ley“; “es la medida de lo verdadero, de lo bueno y del bien, sólo en función de su arbitrio“.

         Daniel Sibony: Perversions. Dialogues sur des folies “actuelles”. Éditions du Seuil, Paris 2000.

         En los entrecomillados, el autor cita a M.Onfray: L’art de jouir, Grasset, Paris 1991.

Traducción casera

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