La interpretación (*)

Desde la antigüedad contamos con ejemplos de interpretación mediante los cuales, a partir de las entrañas de animales o los posos del café, los antiguos adivinaban la razón del sufrimiento, o el camino a tomar. Eran interpretaciones, o más bien adivinaciones de orden chamánico.

En otro orden, los jeroglíficos egipcios fueron señalados por Freud en el momento de escribir su Interpretación de los Sueños, como más próximos al lenguaje usado por éstos para hablar de lo profundamente reprimido. Pero era el primer Freud, el de 1900 que aún soñaba con poder fabricar un catálogo del significado de los sueños que hiciera más fácil su interpretación.

            No parece, sin embargo, que este Freud sea el mismo que aquel que, también en su teoría sobre los sueños, nos muestra cómo escucha literalmente la interpretación hecha por el adivino Aristandro de un sueño de Alejandro Magno. En dicho sueño —hecho en un período en que Alejandro dudaba de si tomar la ciudad de Tiro que tenía sitiada—, un sátiro bailaba sobre su escudo. El adivino no se dejó llevar por el sentido que podía aportar la imagen, ni por lo que podía representar un sátiro en la cultura macedonia, sino que lo interpretó literalmente, con lo que el sueño se convertía en: Σάτυρος = σά Τύρος, sa Tiros = tuya es Tiro. Si bien seguramente en aquellos tiempos esto se creería una capacidad para la adivinación del futuro, Freud no se engaña y nos enseña cómo las formaciones del inconsciente, si las tomamos en su literalidad, sólo apuntan a la verdad inconsciente del sujeto, a la verdad de su deseo. En este caso, tras el deseo de Alejandro de poner la ciudad de Tiro bajo su imperio, lo que para él significara dicha posesión.

            No será ésta la última vez que Freud nos aporta una interpretación por el estilo. Muchos años después, en su artículo sobre el fetichismo nos hablará de un analizante con un curioso fetiche, ya que se sentía atraído por las mujeres que tenían un cierto brillo en la nariz: Glanz auf der Nase, un brillo que sólo él veía. Curioso pasaje éste de Freud[1] en que el equívoco se basa en la homofonía de la palabra alemana Glanz(brillo) con la inglesa Glance (mirada), lengua materna del sujeto. Mirada del paciente de Freud sobre ese presunto falo de la madre escondido tras el equívoco producido entre dos lenguas y que entre ambas pasará como de matute.

Y es que no se interpreta a partir de las asociaciones del analista, aunque éstas sirvan para orientar la cura. Tampoco se trata de explicar, ni de dar sentido, esto último al menos cuando hablamos del análisis con adultos.

Para Freud, hay que interpretar los sueños como si fueran jeroglíficos egipcios de los que no sólo puede tomarse el sentido, sino también su materialidad. Y Lacan, que tomará como base a este Freud de lo literal, dice que la interpretación no debe hacerse por el lado de la imagen, sino de lo que los franceses llaman rebus, tomando éste a la letra, es decir, tomando sus elementos por su valor fonético y no por lo que representan[2]. Por eso dice Freud que es más justo comparar el sueño con un sistema de escritura que con una lengua, y Lacan que la interpretación tiene más que ver con la escritura poética. Ambos subrayan entonces el carácter enigmático de lo que nos interesa, más la verdad medio dicha que lo verdadero, más las sombras que las luces, más el olvido que el recuerdo que apantalla.

            La interpretación a partir de Lacan y hasta los años sesenta, se parecerá más a la de Aristandro, o a la de Freud en el trabajo sobre el fetichismo que a la de los post-freudianos (que siguen intentando aportar sentido), y cobrará una forma nueva en función de la evolución de su teoría sobre el inconsciente. A partir de ahí interpretar, para un psicoanalista, será escuchar el sonido y la disposición de las letras que esconden lo pulsional, no dejándose llevar por lo icónico del sentido, ni por sus propias opiniones. Por eso Freud no se dejó deslumbrar por el brillo de aquella nariz, sino que fue capaz de encontrar tras ella una mirada pícara.

Habrá que ir más allá de la lengua, más allá de sentido, ahí donde en lo real hay un trazo ligado a un sonido en la letra ya que no es aportar sentido —como se pretende aún en tantos círculos psicoanalíticos—, lo que el analista propone con su interpretación, sino disolverlo, apuntando a producir la mayor distancia posible entre identificación y objeto, teniendo como punto de mira que siempre le faltará un significante al Otro.

Decimos que la interpretación es así hasta los años sesenta, porque Lacan en la última década de su vida empieza a preguntarse si en el trabajo con los equívocos significantes no se produce también un goce del analista. ¿Fetichizarán los analistas en su afán por los juegos de palabras, como si éstos fueran una manera más moderna de aquel clásico “devolver algo” a los analizantes? Pensamos que a esto se refiere cuando comenta en su Seminario RSI que la interpretación va más lejos que la palabra, o cuando ejecuta determinadas acciones con sus pacientes ya en los últimos años de su vida.

Esto último ha sido tomado muchas veces como una expresión de su enfermedad y su vejez, pero quizá podemos preguntarnos si lo suyo no era una nueva vuelta de tuerca en su intento de vaciar de goce el trabajo del analista y si esto no nos abre acaso a una nueva teoría sobre el inconsciente como inconsciente-real, más que como inconsciente-lenguaje.

A nosotros nos queda esa tarea.

* (Introducción al libro: Un cambio en el mundo, un cambio en el sujeto, ¿cómo interpreta hoy un psicoanalista?, Actas de las XXI Jornadas de Clínica Psicoanalítica, Ed. Acto, Barcelona 2013).


[1] S.Freud: Fetichismo, in O.C. Tomo VIII, Biblioteca Nueva, Madrid 1974, p. 2993.

[2] Por eso en algún momento de su obra, Lacan recuerda la pregunta que el gato le hace a Alicia en el País de las Maravillas: Did you say pig, or fig?, es decir que le da a elegir entre una oclusiva y una fricativa, sin que el tema tenga nada que ver con los cerdos o los higos, sino con el sonido y los órganos de la fonación.

 

3 pensamientos en “La interpretación (*)

  1. A riesgo de irme de tema, voy a vincular interpretación con traducción. Te sugiero mires este material: https://blogdefabio.com/2016/08/11/traduzco-un-proyecto-o-proyecto-lo-que-traduzco/
    Lo más rico no es lo que yo escribí (un ensayo a lo apurado), sino los enlaces que conducen a la obra de Antoine Berman, filósofo y crítico de la traducción. Un hombre que vinculó lengua materna, traducción, psicología, filosofía… un genio que murió joven, pero dejó un legado que ahora es atesorado por (unos pocos pero excelentes) teóricos de la traducción.

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