La autonomía en el niño

“La manera en que los niños son recibidos por su madre al llegar al mundo, va a jugar un papel decisivo. Con ayuda de la madre, el niño diferenciará progresivamente lo que él es, del mundo exterior.

            Durante mucho tiempo, el niño ha sentido su cuerpo como a trozos, y también el de su madre; tanto el pecho de ésta como el biberón aparecen como si fueran un objeto separable, parcial.

            Muy pronto, desde el nacimiento, el cuerpo es objeto de goce. El dominio progresivo de su cuerpo es goce para el niño: cuando llega el momento de andar, vemos al niño como emborrachado en cierto modo por este dominio de su cuerpo. Se pone a andar para todos lados por el placer que esto le procura, olvidando cualquier otra ocupación, incluso desinteresándose a veces del propio alimento. De modo metafórico, Françoise Dolto dice ‘es como si el erotismo se desplazara de su boca a sus piernas’.

            Dado que el desarrollo motor y, en particular, la motricidad de locomoción es una etapa hacia la autonomía, el deseo de la madre interviene, según que ella desee o no que el niño sea autónomo. Si prefiere a un hijo-bebé y dependiente, el niño tardará más en andar.

            Si la madre es atenta y juega con el niño, la motricidad manual se desarrollará rápidamente”.

Jenny Aubry: “Psychanalyse des enfants séparés“, Champs essais, Paris 2003.

 Traducción libre

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