El silencio ‘ejpañol’

Es un hecho: en España la gente no se habla salvo para gritarse, lanzarse epítetos o meterse puyas. No lo hacen porque hablar significa, sobre todo, ser capaz de escuchar* al otro cuando habla, poder intercambiar y, para intercambiar, es necesario previamente que haya dos posiciones diferentes y que cada cual respete la otra posición.

Cosa imposible durante los duros años de la dictadura, en que había que callar las propias ideas a riesgo de ser denunciado, censurado o represaliado, ya que sólo era posible pensar como pensaba el Régimen que machacaba vivo al que se desmandaba. Era la manera de que hubiera una sola voz.

Cuarenta años que han dejado marcas. En el país en el que, antes de la sublevación militar del 36, los parlamentarios no hablaban jamás con un papel delante, ahora pocos se atreven a arriesgar una palabra que sea propia, distinta, con estilo y, sobre todo, de la que sean autores, y no que se la hayan escrito sus asesores.

En las comidas, cuando la familia se reúne, se pone la tele. “Es un modo de no pelearnos”, dicen algunos. En otras familias hay consenso para no hablar de política: “Es que discutimos”. Pues claro, se discute, se intercambia… No; aquí el conflicto** aún da miedo, como mucho miedo se tiene también a las pasiones desatadas en la familia, como en la idea de que “empezamos discutiendo por si el arroz está pasado o duro, y terminamos en una guerra civil”. El miedo a la guerra, siempre el miedo a la guerra si se habla.

Así que nos queda el fútbol, magnífica cortina de humo para silenciar lo importante.

Pues en este contexto desgraciado y silente, nuestro Presidente del Gobierno ha tomado la costumbre de enfrentarse a los periodistas ante una pantalla de TV. No los quiere con él, no quiere sus preguntas, el conflicto que ellas harían surgir, no quiere que le encuentren las vueltas a su discurso y que algo haga que su imagen, que él quiere impecable, peque de incongruente, de falsa. Tampoco quiere salir a cuerpo a dar cuentas de lo que está ocurriendo ante el parlamento.

Esto es la peor caspa en varias generaciones de políticos, y mira que los hemos tenido casposos, empezando por el ínclito hacedor de todo esto.

Ustedes quieren pasar por la vida política sin pagar sus deudas. Son como el padre que regañara a su hijo y luego se escondiera para no ver la cara enfadada de éste. Son como aquella Presidenta de la Comunidad de Madrid que quería prohibir la acampada en Sol cuando el 15-M  “porque los comerciantes no pueden vender en paz”. Caspa, pura caspa y pura mentira. Y miedo a lo que no controlan.

Apenque con lo que está promoviendo, Sr. Rajoy, pague la deuda que tiene por el hecho de haber decidido estar en esa posición de Presidente del Gobierno. Su palabra, su deseo, le pusieron en esta posición, pues venga, pague su deuda respondiendo desde ella. Y parte del pago de esa deuda supone enfrentarse al descontento, a las preguntas molestas de los periodistas.

Usted —que algún que otro cuento infantil debió leer en su infancia—, cree todavía que el séptimo cabrito, aquel a quien no se comió el lobo por haberse escondido en el reloj, salió indemne de todo aquello. Pero no salió ileso; no defendió a los suyos. Aquel cabrito salió con la culpa del superviviente que lo trajo a mal traer toda su vida. Un poquito más de vergüenza torera, y un poco menos de cobardía, por favor.

 * Ver en esta misma bitácora nuestra entrada “la escucha”.

** Ver en esta misma bitácora nuestra entrada “el conflicto”.

2 pensamientos en “El silencio ‘ejpañol’

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