Culpas, deudas y el pobre Edipo

Al pobre Edipo le cayó la china, o la perra gorda —como decíamos de la moneda de veinticinco céntimos en la época en que aún existía la peseta. Y es que él pertenecía a una estirpe de lo más griego que había en Grecia, la de los Labdácidas, sobre la que recaía el peso de una deuda antigua. Y ya sabemos lo que pasaba en aquellos tiempos con las deudas: que si no las saldaba el que la había contraído, recaían sobre todos sus descendientes. Por eso él termina tan hecho polvo y sus hijos tan hechos fosfatina, hasta el punto de haber dicho aquello tan horroroso de “Me funai”: ojalá no hubiera nacido.

Aunque aquello tuviera mucho de mito en su modo de expresión, lo cierto es que la historia de la humanidad está llena de ejemplos donde esto se cumple, no por ninguna maldición ni mal de ojo, sino porque los acontecimientos que han hecho marca en una generación y no se han podido elaborar psíquicamente, se transmiten a la siguiente. Eso ocurre, por ejemplo, con los exilios, con las guerras, con los actos poco honrosos de los abuelos que aún avergüenzan a los nietos. Recordamos a un profesor de Semíticas de la Universidad que nos comentó que atribuía la enorme cantidad de matrículas en esa especialidad (hace ya años), a una vuelta de lo reprimido de aquel momento en que los Reyes Católicos expulsaron a árabes y judíos de nuestro territorio y, a los que quedaron, les obligaron a silenciar sus creencias y costumbres.

Cuando cuentan los curas que Cristo vino a redimir las culpas de la humanidad, muchos niños preguntan cuáles pueden ser las culpas de un niño pequeño, y entonces le responden que el pecado original. Claro, los niños se quedan pasmados, porque se supone que ese pecado fue el de Adán y Eva, aunque ante la contundencia de la respuesta, se lo toman como artículo de fe y chimpún. Pero no deja de tener interés la cuestión, porque a partir de que algunos Padres de la Iglesia le dieron relieve a la redención de Cristo, lo cierto es que el ser humano de Occidente, del Occidente cristiano, en general se siente menos cargado de deudas ajenas y transmitidas, y más responsable de sus propias pifias. No hace falta ser creyente para ello, ni haber tenido una educación cristiana, sino que eso está en la sociedad, en el discurso, y lo aprendemos desde niños sin darnos cuenta.

         Eso sí, algunos parecen haberlo aprendido desde la cuna y en jueves (no sabemos por qué se ha perdido esa expresión que decía que lo que te habías aprendido en jueves ya no se te olvidaba), y por eso cada vez que les dicen: “Mire usted cómo anda esto de mal”, ellos siguen diciendo que la culpa no es de ellos, sino del anterior gobierno.

        Frente a ese sacudirse las culpas, habría que recordarles que si la redención de Cristo se dice que vino a lavar las culpas pasadas, no puede hacer nada contra el hecho de que somos responsables del lugar en el que nos han puesto nuestro deseo y nuestra palabra.

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4 pensamientos en “Culpas, deudas y el pobre Edipo

  1. Hola María Cruz, para cuanto daría esta entrada, pero no creo que sea el lugar ni las horas.
    Edipo no pudo escapar a su destino, ni sus padres tampoco que quisieron deshacerse de él, pero no personalmente, no hay casi sociedad humana a la que no le resulte durísimo deshacerse de una vida recién nacida. Edipo tiene algo en común con el protagonista del cuento sufí, que reconoce al Azrael, el Ángel de la Muerte, en Bagdad y toma rápidamente el camino de Samarkanda. Azrael visita al maestro de este personaje y le pregunta por él: “no sé donde está, pero supongo que llegará pronto” y el Ángel de la Muerte le dice: “es extraño, pero tengo que encontrarme con él dentro de unos días en Samarkanda”.

    El pecado original y la culpa heredada. Cristo libera de la culpa desde Adán y Eva (a fin de cuentas Eva sólo quiso saber) pero no de la culpa y de responsabilidad futuras. Ese es el gran problema de las religiones reveladas, aparte de su intolerancia intrínseca, hay un antes y un después en el tiempo y muchas veces no sé entiende por qué…, sobre todo cuando han pasado dos mil años.

    En cuanto a la comprensión de estas cuestiones te tengo que decir que es nula. Yo doy clases a uu espectro de edad que va desde niños de 12 años a adultos de pleno derecho legal (lo mental lo dejo aparte) y estos temas o no los comprenden o les resbalan completamente. hay que tener en cuenta que la culpa, y la responsabilidad, hoy, siempre es del “otro” no nuestra.

    • Hesperetusa, me encanta tu respuesta. Muchas gracias. Sí que este tema da para mucho más, pero no en este blog que intenta llegar a mucha gente. El cuento sufí que comentas es uno de mis preferidos, y entre las tragedias griegas y los cuentos sufíes, no tendremos más remedio que buscarle un hueco al inconsciente, al deseo y a la responsabilidad subjetiva, pero qué difícil nos lo ponen…

  2. Hola, Macru, me ha encantado esta entrada. Mis alumnos de AES están leyendo ahora *Edipo Rey*. Me resulta muy sugerente tu reflexión también para sacar ideas para clase.

    Un beso, Mercedes

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