La enseñanza… esos acordes

No podemos decir que sepamos mucho de educación, más allá de nuestro paso por el colegio y por la Universidad, y más allá de seguir rodeados de maestros que continúan haciéndonos pensar y nos ayudan a encontrar nuevos matices clínicos o una nueva musicalidad en la teoría psicoanalítica.

Pero últimamente hemos encontrado cuatro ocasiones en las que algo en relación con la enseñanza ha tenido para nosotros efecto de transmisión.

             En primer lugar fue en la película “El último concierto” (‘The late quartet’, de Yaron Zilberman). En ella, el personaje interpretado por Christopher Walken, cuenta una anécdota de sus tiempos de principiante como solista de violonchelo. Dice que hizo una audición frente a Pau Casals que le salió de absoluta pena y que cuando terminó esperaba recibir de éste una crítica feroz. Sin embargo lo que recibió fue una sola palabra: “irreprochable” (o algo así, no recordamos bien), lo que le extrañó sobremanera. Muchos años después, siendo ya concertista, vuelve a encontrarse con Pau Casals y le recuerda aquella ocasión, comentándole que nunca entendió cómo no le había masacrado con lo mal que lo hizo. Pau Casals agarró su violonchelo e hizo unos acordes y le dijo: “Usted tocó esto, y estos acordes los hizo irreprochablemente”, es decir, que destacó lo bueno de aquel joven inexperto que tan mal había tocado, lo que seguramente le sirvió a aquel para no hundirse en los inicios de su carrera.

El siguiente comentario nos lo hizo alguien hace ya muchos años. Consistió en decir que al alumno no había que considerarlo en función de lo que esperábamos de él, sino en función de hasta dónde él o ella habían podido llegar. En efecto, si sólo alabáramos a los alumnos cuando logran lo que esperamos de ellos, en realidad los estaríamos convirtiendo en objetos que nos sirvieran para darnos más brillo, pero no los respetaríamos como sujetos que están en un camino que les es propio, no en el nuestro que ya está hecho, o casi.

La tercera ocasión que nos han dado para pensar en la enseñanza ha sido por parte de nuestra colega de Pamplona, Cristina Catalá. Hace poco, en unas Jornadas, Cristina nos habló de uno de los profesores que ella había tenido en Suiza, profesor de matemáticas. Decía que no es que el profesor les enseñara matemáticas, sino que parecía que el profesor hacía el amor con las matemáticas delante de ellos, sus alumnos. Y que eso tuvo un efecto de transmisión enorme, es decir, que les hizo apreciar las matemáticas.

Dejamos para el final el comentario de otra colega, Lola Monleón, que en su trabajo con niños autistas observó que si ella iba detrás de ellos empeñándose en hablarles, en hacerles interesarse por ciertas tareas, en algo así como un “¡déjate enseñar!”, la demanda era la de ella y no obtenía de los niños y niñas sino un total desinterés, ausencia de atención, etc., lo que suele ser habitual en los niños y niñas autistas. Comprendió que los niños con autismo necesitan también ser tratados como sujetos y así, ella se quedaba en su sitio y entonces los niños y niñas venían a pedirle que fuera a tal sitio, o que pusiera tal música. Pero era la iniciativa de ellos, a demanda de ellos, no de los adultos.

         Y es que difundir conocimientos no es lo mismo que transmitir la pasión por una materia, o por aprender.

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11 pensamientos en “La enseñanza… esos acordes

  1. ¡Enhorabuena, Macru! Totalmente de acuerdo con lo que dices, no tiene sentido imponer los conocimientos, lo único que podemos hacer los docentes es ofrecerlos y saber hacerlo; sin embargo, creo que también es importante la disposición del alumno, y, en cierta manera, y como tú ya señalas, ese despertar tan hermoso debe partir de él. ¿Y por qué está en el discípulo, y sin ese potencial no se puede hacer nada? No lo sé, solo puedo dar mi opinión, y creo que en tiempo de pobreza en todos los sentidos como el que estamos viviendo, artículos como el que ha publicado hoy Millás en El País donde habla del desprestigio que se le da a la cultura al considerarla un “consumo” más, son más necesarios que nunca. Hay un clima cultural que no solo está en las familias cultas y en los planes de estudios donde disciplinas humanísticas son vistas como imprescindibles, sino también en el ambiente, en una sociedad que valora la reflexión y el conocimiento, donde la cultura, en fin, es una forma de vida. Si los niños crecen en un lugar así, sin duda se interesarán más por los estudios y podrán ser más libres que si les limita su crecimiento intelectual. ¡Qué miedo me da este gobierno! Un beso

  2. Hola María- Cruz. Gracias por tus me gustas, aunque parezca que no, también ayuda.

    Sabes? durante 4 años hice terapia de psicoanálisis (creo que ya te lo dije) a lo mejor conoces a la que fue mi psicoanalista (María Cristina Manitto)de Argentina, pero trabaja en España, exactamente en Andalucía. Y ella es freudiana total, jejej. No sé si está bien decirlo así.

    Bueno un placer. Haber si me pongo las pilas y ojéo mejor tus entradas, que la verdad me interesan.

    Besos y felices fiestas y año nuevo.

    • Hola, Aterciopelada. No conozco a María Cristina, pero parece que te ayudó mucho. Me gusta lo que escribes porque está lleno de emociones. El escrito sobre tu abuela me encantó.
      Me gusta haberte conocido/leerte, igual que a otras personas que tienen cosas que enseñar a los demás sobre el echarle narices y la lucha por la vida.
      La escritura tiene propiedades terapéuticas alucinantes. Lo digo por experiencia propia. Por eso siempre le digo a quien le gusta hacerlo y tiene capacidad para ello: escribe, escribe.
      Pues eso: mucha escritura para 2014 y que podamos seguir compartiendo experiencias en esta red.
      Un fuerte abrazo

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