“La caza” o ¡¡¡Socorro, que vienen los protocolos de actuación!!!

La caza (The hunt), de Thomas Vinterberg, es un excelente film danés muy inteligente y adulto, en el sentido de que es capaz de insinuar, asomar, sugerir, pero dejando que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones. Estas de abajo son las nuestras.

Nos muestra la actualidad de un pueblo danés en el que parece reinar la armonía y la alegría. Un ambiente extrovertido de machirulos cazadores-bebedores en el que todas las familias son iguales (todos en pareja con hijos, todos los hombres cazadores…), salvo una: Lucas, un divorciado que, en el fondo, produce la desconfianza o la inquietud que produce todo soltero/a o separado/a. Veremos qué consecuencias tiene esta inquietud.

Una niña de unos cinco años con un hermano mayor de unos catorce que le enseña revistas porno, cuenta a la directora de su Escuela una fantasía sexual con uno de los profes, justamente Lucas, el divorciado que es amigo de su papá. Fantasía que es tomada como realidad y que, por lo tanto, alarma a esta señora, sobre todo cuando la niña enseña a la profesora un regalo que supuestamente le ha hecho su enamorado: un corazón hecho con piececitas de colores, dentro del cual hay otro corazón más pequeño, lo que, casualmente, es el símbolo de la pederastia. A partir de ahí se ponen en marcha todos los protocolos de actuación posibles para casos de abusos con niños que son los que impone la ley del país. La exigencia de la detección precoz de problemas que tanto se lleva hoy en España, con sus consecuencias de discriminación y de ganancia para los laboratorios farmacéuticos, no está lejos de esta manera de pensar.

A partir de ahí, Lucas es rechazado por todo el mundo que se erige en juez (salvo por el padrino de su hijo que decide mirar a Lucas a través de sus propios ojos y no de los ojos del sentir “oficial”). Es incluso expulsado del trabajo, no se le permite comprar en los supermercados y, este hombre que no puede entender nada, es incluso agredido y malherido con gran violencia.

El no escapa, permanece intentando hacer todos los movimientos que realizaba antes en su vida: salir a comprar, ver a sus amigos e intentar defender su inocencia. Pero es aislado por todos… menos por su hijo que viene a pasar unos días con él. Lévy-Strauss, en su “Antropología estructural” nos comenta cómo en algunas tribus se hace morir de tristeza a algunos de sus miembros que han pecado contra las leyes. Es una muerte muy limpia que consiste simplemente en expulsar del pueblo al acusado e impedirle cualquier relación, cualquier lazo con otro ser humano. Por eso a Lucas lo vamos profundamente deprimido.

Una de las consecuencias que tiene el dejar de escuchar el caso por caso y la subjetividad de los niños con tiempo, con tranquilidad y, en lugar de esto, poner en marcha los protocolos de actuación, es que estos son una máquina que lo devora todo a su paso, incluidas las personas. Otra consecuencia de las actuaciones insensatas a partir de los protocolos, es que se borran las diferencias existentes entre fantasías y la realidad.

Se ve que la directora de la escuela y los expertos que formaron parte del tribunal que expulsó a Lucas, no habían leído la carta que Freud le dirige a Fliess en la que dice que ya no cree en su Neurotika. Con esto, Freud quería decir que hasta ese momento creía que toda neurosis había sido causada por un trauma sexual, consecuencia del abuso de un adulto hacia un niño ocurrido realmente y que, sin embargo, a partir de aquel momento se daba cuenta de que muchos niños y adultos que relatan abusos, lo que están relatando son en realidad sus fantasías inconscientes y que éstas, proceden de proyecciones sobre el adulto de su propio deseo. Pobre Lucas, la que le cayó encima. Tan majete y tan rubio como era… Esto lo decimos por aquel viejo prejuicio de que los rubios son buenos y los morenos malos. ¿Recuerdan las mujeres cómo en el cole cuando eran niñas, para representar a la Virgen María en la función de Navidad, escogían siempre a la única rubita de ojos azules de la clase? Pero a ver, a ver, a ver… ¡si la Virgen María era palestina! Por Dios cuánta estulticia, cómo no van a venir estos lodos de aquellos barros…

Volviendo a la proyección que hacen los niños y niñas de su propio deseo hacia el adulto (hablamos de deseo no genital sino amoroso y pulsional), esto se ve muy claro en el film. Se ve que es la niña quien tiene deseo de una relación especial con Lucas —no por casualidad amigo de su papá— y ha hecho una mezcla entre ese deseo y las escenas sexuales vistas en las imágenes porno que le mostraba su hermano.

¿Y qué les ocurre a esos adultos que no quieren creer en la inocencia de Lucas? Es su culpa retroactiva la que proyectan en él. Todos esos adultos, no quieren saber nada de su deseo sexual de niños y, menos aun, de su deseo sexual de niños hacia los adultos, padre o madre en general, paralelo siempre de un deseo de muerte hacia el otro padre o madre rival. Los vecinos de Lucas son todos limpios, subliman: cazan en lugar de matar, y son tiernos con los niños en lugar de iniciarlos en los placeres del sexo. A estas dos últimas cuestiones no tenemos nada que oponer.

Pero cuando uno de ellos es sospechoso de haber pasado de la ternura al sexo, se abre la veda, todo el mundo deja de sublimar y tiene que ubicarse obligatoriamente en uno de los dos bandos: o eres del bando del pederasta, o eres del de los limpios de corazón. Y a partir de ahí, pasan de la caza de animales a la caza del ser humano, comenzando a acosar a Lucas e intentando también darle pasaporte para el más allá, incluso si ya se había descubierto que todo había sido una fantasía de la niña.

Una vez (casi) todo arreglado, cuando ya su hijo adolescente se ha venido a vivir con él y él ha vuelto a la relación con su chica, se recupera la alegría del reencuentro con los machirulos. Al final del film, estos hacen una especie de comida totémica (comida en que, según el mito freudiano, los hombres se ponen de acuerdo para hacer del padre totémico el único culpable del incesto, lo que sella la alianza entre ellos como hermanos y buenos chicos). En ella se produce también una especie de rito de iniciación, cuando Lucas regala a su hijo la escopeta para que, al convertirse en cazador, pase a formar parte del grupo de machimongers que han estado a punto de matarlo, pero que han vuelto al redil de la sublimación. Todo bien edípico y antropológico.

            Flipas con el ser humano, oye, pero es que hay pocas salidas más para la masculinidad…

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2 pensamientos en ““La caza” o ¡¡¡Socorro, que vienen los protocolos de actuación!!!

  1. Si parece una reparación y reconciliación pero….

    la duda es la duda como la sexualidad

    muy bueno el comentario María de la Cruz, de esta excelente película que por suerte a pesar de su tema tan conflictivo ha funcionado muy bien de público y taquilla
    Lamentablemente el público habla de maldad de la niña o del adulto, pero bueno el director no quiso meterse (o lo hace a medias)en temas freudianos.
    las fantasías no son buenas o malas sino que estructuran el deseo en relación a uno mismo y a los otros

    • Tienes mucha razón, Guillermo, la niña no hace más que proyectar sobre Lucas su propio deseo y éste nunca es malo. Lo que me hace pensar tu comentario es que efectivamente hay algo tan profundamente reprimido y de lo que la gente no quiere saber, que cuando se abre una ventana sobre ello, o la duda como tú dices, la violencia que se promueve es enorme.
      Muchas gracias por comentar.

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