‘Cinema Paradiso’ o las funciones padre y madre

Entrañable film de Tornatore sobre el cine y sobre el amor por el cine. El cine como proveedor de representaciones para un pueblito italiano sin muchas diversiones en los finales de los cuarenta, empobrecido en los medios de vida y en lo cultural. El cine como fuente de inspiración para las expresiones de Alfredo, quien se ocupa de proyectar los filmes en el Cinema Paradiso y que lo mismo responde con una frase taxativa de John Wayne que con otra de Clark Gable a Salvatore, el pequeño Totó que no hace más que incordiarle.

Pero como toda gran película, nos provee además de pequeños elementos para hacernos pensar. Nos centraremos en dos de ellos.

El primero es la relación espontánea que se establece entre Alfredo y Totó. El niño ha perdido a su papá en la guerra y anda algo perdido él mismo. Curiosamente, las frases de regaño que le dirige Alfredo son en sí mismas bastante brutales: “Si vuelves por aquí te pondré el culo colorao“. Sin embargo eso es tomado por el niño como un gesto de protección que Alfredo tiene con él.

Dice Lacan que, para que el padre funcione, es necesario que pueda articular el deseo con la ley; no se pueden decir a un niño frases pesadas o gritos, sin que el niño tenga la seguridad de que la persona que lo hace le quiere. Y es porque Alfredo quiere mucho a Totó por lo que puede decirle esas cosas. También porque le quiere mucho, le dice que se vaya del pueblo y que no se le ocurra volver nunca. Siendo como era Totó alguien muy importante en el corazón de Alfredo, éste es capaz de renunciar a su presencia con tal de que el joven tenga un buen futuro.

Era Totó un niño muy amado. Lo vemos también cuando ya cuarentón, vuelve al pueblo para acompañar el entierro de Alfredo. Es ahora un triunfador que se dedica a algo relacionado con el cine. En los días que pasa en el pueblo, tiene una conversación con su madre, una madre que lleva años sin verlo y que no le dirige ni un solo reproche. El hijo le dice:

         Te abandoné sin explicación.

A lo que ella responde:

         Yo nunca te la pedí. Lo que hacías estaba bien y basta.

Supone la aceptación de la madre de la distancia formidable que había entre la proximidad que ella hubiera deseado tener con su hijo, y la realidad de que en el pueblo, Totó no se hubiera podido realizar. Fantásticas entonces psíquicamente las dos personas que realizan las funciones de padre y de madre de Totó. Las dos funcionaron porque podían permitirse perderlo.

Nos preguntamos con frecuencia cómo podríamos transmitir a quienes nos leen que, de la aceptación de la distancia entre lo que esperamos y lo que obtenemos, entre lo que nos gustaría que nos dieran aquellos a quienes amamos y lo que en realidad nos dan, de la aceptación de esta distancia, dependerá también lo deprimidos o no que estemos. Cómo convencer a quienes nos rodean de que sólo si aceptamos perder un pedazo de algo, si llevamos deportivamente las pequeñas decepciones que los demás nos causan, nos sentiremos más ligeros de equipaje. Difícil en un mundo en el que cuesta desprenderse hasta de lo que a uno le hace daño.

El final de este filme es de los más emotivos que nunca hemos contemplado en el cine. Alfredo ha dejado en herencia a Totó el montaje de todos los recortes que tuvo que hacer a las cintas por la censura a la que le obligaba el cura del pueblo. Son recortes de las escenas con beso de los filmes que se proyectaban. Acompañados de la portentosa música de Ennio Morricone, van pasando ante nuestra mirada todos los besos de película que el cura durante años había mandado censurar a Alfredo. Veremos así el famoso beso de Raf Vallone y Silvana Mangano en ‘Arroz amargo’, el de Clark Gable y Vivien Leigh en ‘Lo que el viento se llevó’, otros de Brigitte Bardot, de Anna Magnani, del gran Marcello, y hasta dos de los cómicos Totó (el magnífico cómico italiano) y Charlot que, cual damisela, se desmaya tras el beso.

Tiene otro mérito este filme, y es el de hacernos evocar los cines de pueblo de nuestra infancia. Ese famoso ‘cine pipas’ al que se acudía en verano y en el que a veces era difícil escuchar los diálogos dado el ruido que hacíamos los chavales y chavalas al cascar las pipas de girasol, y el que hacían los que se movían entre las butacas al caminar sobre un océano de cáscaras.

Terminaremos copiando a nuestro modo la frase de alguien importante cuyo nombre no recordamos: “Vivir no es necesario, ver cine sí lo es”.

 Dedicado a mis compañeros del ‘Comicine’.

 

 

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6 pensamientos en “‘Cinema Paradiso’ o las funciones padre y madre

  1. Precioso analisis Maria-Cruz. Por lo significativo de remarcar las funciones padre y madre, claras y poderosas. Y por el tono, la forma de trasmitirlo… realmente emociona.
    Y gracias.

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