Morir, es una cagada

Esquela place Republique
(Escrito por mi colega y amigo Serge Sabinus, psicoanalista).

Este es mi título. Y este título es una declaración de fe, ¡una crisis!, un grito fuerte como una carcajada, una reivindicación (pedid lo imposible, ¿os acordáis?). Es también una revuelta, una indignación, una exigencia, como un capricho infantil… en fin, cualquier cosa salvo una oración, ¡qué pasa!

Este título es un homenaje, un homenaje a Elsa. Elsa Cayat que animaba entre los periodistas de Charlie Hebdo una crónica bimensual, creo: “el diván”. Una mujer champaña y juegos de palabra, encaramada a una altura vertiginosa sobre sus tacones increíbles, a la altura de la lengua, ahí donde se pasa del sentido y de las certezas que éste produce. Aún tenía en la mano la pluma para el que ella no sabía que sería su último papel, una crónica que había titulado con cierto desaire: “La Navidad es una cagada”. Era como una narizota roja sobre la jeta del Padre eterno, pero la narizota se ha extendido en una enorme mancha roja…

Elsa Cayat era psicoanalista, mujer y judía. Lo tenía todo para hacer felices a los asesinos de la palabra, esos que de la palabra sólo conocen la versión hipnótica de la oración y de la llamada al crimen. Quiero dejarlo claro. Elsa Cayat, psicoanalista, tenía su lugar preciso en Charlie Hebdo. Ahí donde la risa, la parodia, la burla del sentido, el witz, son los garantes de la palabra libre. El “diván” es ese lugar. Los partidarios del totalitarismo, del Todo Uno —ya sea religioso, político, científico o familiar— hacen morir tanto la risa como la palabra libre. No hay humoristas en tierras de integrismo; ¡ni humoristas ni psicoanalistas! El integrismo de cualquier tendencia mata a quienes vagan libremente. Elsa Cayat fue una de sus víctimas. Vayan estas palabras para que no sea olvidada aquella que abogó, y yo con ella, modestamente, por las gracias demasiado humanas del humor libre.

4 pensamientos en “Morir, es una cagada

  1. Hola a todos los concernidos por este reciente drama. Días y días oyendo aquí y allá todo tipo de argumentos sobre el particular dan pie a una reflexión nada caliente y de amplio espectro espero. No pretendo pasar por “serio” y sí por bienhumorado a pesar de la carga que se lleva a la espalda y en la cabeza. Pero es que hay un pero en todo esto, pues nosotros, psicoanalizados y autoconocidos en ciernes, repletos de conocimientos y oportunidades, estamos o tratamos de estar en posesión de nosotros mismos y, en la parte que nos toca, en parte de las conciencias colectivas. Y muchos de aquellos integristas que se mueven en el subdesarrollo y su inoportuna situación personal e histórica no pueden o no les dejan -muchos, es verdad, no quieren, geopolítica manda- acceder a nuestra libre amplitud de miras, que es la del horizonte civilizatorio europeo, siempre, por desgracia o por fortuna, en construcción y revisión continua, pues de realidades humanas se trata, repletas de faltas e incompletas, como siempre subrayas estimadisima María Cruz.
    Conocemos genocidios y masacres continuas, muchas de las cuales nos pasan desapercibidas o no y ya hasta nos resbalan en plena sobremesa, hasta que nos tocan en casa y nos indignan. No hay justificaciones para lo sucedido en París, pero como en tantos otros hechos lamentables integristas y fanáticos “all over the world”. Hay otros puntos de vista que merecen ser respetados hasta donde nuestra conciencia bienintencionada y formada, si es ecuánime, libre de condicionantes y ética, nos permite. En nombre de la religión, si encima está instrumentalizada, es difícil ceder, pero de nuevo vuelvo al pero que esbozaba mas arriba y que me impide empatizar solo con estas víctimas, máxime después de ver al Sr. Netanyahu en primera fila de aquella marcha, como si nada, como si el integrismo religioso que también le respalda no tuviera nada que ver en todo esto (por cierto, no sé si sabéis que los “lideres” no estuvieron realmente en la marcha multitudinaria, sino que se hicieron su foto junto a unos cientos en una calle lateral…)
    Como por debajo de todo esto subyace el problema de la Libertad, con mayúscula -en menudo fregado me voy a meter- habremos de convenir que ademas de la posibilidad de decidir qué hacer en cada momento, está la de “autodeterminación, es decir la responsabilidad para con uno mismo, pero también hacia la comunidad”, lo que implica “la asunción de algunas obligaciones” y por ello “desde muy pronto, (…) una forma de limitación” (Ferrater Mora). Como la comunidad es desde hace tiempo la aldea global (Mac Luhan), los límites los ha de marcar el respeto consciente hacia el otro. Y con esto queda bien claro que una buena vecindad no se pueda basar en el cinismo, en una voluntad de dominio o en el simple desprecio ignorante hacia el otro: si nuestras limitaciones personales nos marcan por un lado, seamos conscientes de ellas y asumamos otras exteriores a nosotros y que tienen que ver con otras tantas de aquellos.
    Hace tiempo, en una diatriba antimachista por un mal chiste sobre el tema, indicaba a mi oponente que estaba necesitado, como el que más, de reír y disfrutar ante tanta realidad maltrecha, pero que hacerlo a costa de tullidos, apelando a la homofobia o la dominación gratuita no iba conmigo y que no leer entre líneas estos rasgos era de miope profundo. Este otro aspecto, el del miedo al otro y a su diferencia está en el mismo saco y no soy libre por tanto de reír estas “gracias” y malos chistes, faltos de respeto por reincidentes, muchas veces coartadas de un mercantilismo infame y la necesidad de vivir vendiendo lo invendible; puto capitalismo.
    Quizá pase por serio, pero hay muchos buenos temas para partirse la caja y hacer la necesaria parodia y burla a quien lo merezca. ¡¡Viva el humor inteligente (va por ti Wyoming, entre otros) y muera el integrismo de toda índole!!
    Gracias como siempre por la oportunidad.

    • Muchas gracias a ti, Eduardo, por hacernos pensar. Creo que hay algo sutil en tu escrito que es lo que a algunos nos ha tenido muy reflexivos a la hora de apuntarnos a la masa condenatoria -que nos apuntamos- pero no sin reflexionar: una cosa es luchar porque nadie esté por encima de las leyes de un país (y eso es lo que defendemos en el fondo) y otra la oportunidad individual de publicar algo o no, los límites a los que apuntas, como decisión subjetiva. Estoy escribiendo una entrada que publicaré en pocos días en la que intentaré continuar con tu reflexión.
      Un beso

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