CORONAVIRUS

Bueno, por fin; por fin llegó algo que pone una traba a esta locura occidental, una epidemia que parece cosa del Medievo. Recordemos esas películas sobre los estragos de la peste en la Europa medieval, cuando sonaba una campanita y era que le llevaban los santos óleos o la comunión a un moribundo y había que dejar pasar a la comitiva sin tocarla.

Pues hoy Madrid está casi desierto. Sólo falta que empiecen a rodar por el Paseo de la Castellana o por la calle de Atocha bolas de paja como en las películas del Oeste, cuando los directores quieren mostrarnos un paisaje agreste.

Hace veinte días sabíamos que de China venían personas enfermas, lo que provocó que algunos hicieran comentarios de alto nivel de odio racista que podría pensarse tan superado como la peste misma. Siempre se quiere concentrar lo que los psicoanalistas llamamos Lo Real en una persona (lo que se suele llamar el chivo expiatorio) o grupo social o racial, como si así nos quedáramos todos tranquilos: ese real tan desagradable no es mío, sino de ese o esa que es diferente y por lo tanto peor que yo.

El Coronavirus matará a algunos, inmunizará a otros y terminará por ser cosa del pasado, pero Lo Real no. Lo real está siempre ahí y aparece inopinadamente por cualquier rincón del cuerpo —enfermedades, muerte—, o de la naturaleza —pensemos en los terremotos o los tsunamis—. Lo Real es lo inesperado, lo que nos joroba los planes y nos hace sentir cada día que no tenemos garantías de que se cumplan nuestros proyectos de futuro, aunque nos empleemos en llevarlos adelante porque, si no, seguro que no se cumplen.

¿Qué creíais, humanos ingenuos, que la tecnología, San Google, el brujo Microsoft y el mago Amazon os iban a librar de lo Real? Pues no. Cierto es que la Ciencia logrará que los muertos por el Coronavirus sean muchísimos menos de lo que lo hubieran sido hace sólo medio siglo. Pero mortales seguimos siendo, ¿eh? Aunque parece que son los jóvenes españoles los que hacen gala de mayor negacionismo, por aquello de que tienen más defensas que los mayorcitos.

Eso sí, esperemos que esto nos dé ocasión de volver a lo de nuestros abuelos: la solidaridad, el ‘hoy por ti, mañana por mí’, el apoyo entre vecinos. ¿No nos servirá esto para reflexionar sobre esta onda individualista que atraviesa a ultranza el occidente económico y tecnológico? ¿No se nos caerá la cara de vergüenza ahora que los chinos nos están ofreciendo ayuda para superar la epidemia?

¿Traerá el Coronavirus una vuelta de la humanidad? Si es así, que pase. A mí me pillará en casita.

6 pensamientos en “CORONAVIRUS

  1. Apología del contagio

    Gran y profunda reflexión de la mano de Santiago Alba Rico, un gran valor en su dia de Podemos, sobre nuestra contingencia, nuestra soberbia y olvido de la ecodependencia, que se desmoronan ante la sacudida imprevisible y aleatoria de un ser no humano, que puede quedar fuera de control, y que nos devuelven a la realidad, aunque sea por un tiempo. Ojala sea duradera porque cada vez será mas necesaria tenerla en cuenta -la contingencia y ecodependencia claro.

    Me he suscrito a CONTEXTO, buenas y necesarias reflexiones para el mundo actual

    Besos

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